Hay muchas cosas para las cuales yo no sirvo: cualquier deporte que conlleve el dominio de una pelota, retar a alguien, organizar un grupo, organizar mi vida, intentar "regatear" el precio de algo a un comerciante, ubicarme en la ciudad y por ende, no ser estafada por algún taxista que se aproveche de mi colgadez nata, cocinar, planchar, decorar una habitación, casi cualquier tipo de actividad que requiera constancia, y por lo que recuerdo de mi infancia y lo que me han transmitido mis padres, definitivamente no sirvo para actuar.
Pero hay algo, en lo cual soy particularmente mala. Hay algo en lo que soy tan horrible, que hace que me destaque por sobre el resto de los mortales. Y eso es mi absoluta incapacidad para darme cuenta de la realidad en la que vivo. Soy de esa gente que puede da 548 oportunidades a la misma persona, y no ver que se está equivocando en cada una de ellas hasta que alguien no le pone la evidencia en la cara. Por supuesto, me ha llevado a cometer todo tipo de errores, y fundamentalmente, rodearme en muchas ocasiones de la gente equivocada... La persona que tengo más latente, y mi más reciente adquisición en el largo libro de las decepciones, es mi ex novio. Yo era de esas que dice pecando de superada "Pero si un tipo te mete los cuernos por mucho tiempo, es porque la mina lo sabe y se hace la boluda!". Déjenme decirles.... que no es así. Bueno, capaz que si, y yo en vez de hacerme la boluda, ese mi estado natural, y de ahí proviene mi incapacidad para detectar señales sospechosas.
Pero mi intuición comenzó recién a aparecer (viene con bastante delay) cuando el me dejó por teléfono, y al poco tiempo me entero que había abandonado todo de su vida en Argentina y estaba viviendo en la otra punta del mundo...