jueves, 30 de septiembre de 2010

De mis defectos y cómo mi intuición femenina funciona a destiempo

Hay muchas cosas para las cuales yo no sirvo: cualquier deporte que conlleve el dominio de una pelota, retar a alguien, organizar un grupo, organizar mi vida, intentar "regatear" el precio de algo a un comerciante, ubicarme en la ciudad y por ende, no ser estafada por algún taxista que se aproveche de mi colgadez nata, cocinar, planchar, decorar una habitación, casi cualquier tipo de actividad que requiera constancia, y por lo que recuerdo de mi infancia y lo que me han transmitido mis padres, definitivamente no sirvo para actuar.

Pero hay algo, en lo cual soy particularmente mala. Hay algo en lo que soy tan horrible, que hace que me destaque por sobre el resto de los mortales. Y eso es mi absoluta incapacidad para darme cuenta de la realidad en la que vivo. Soy de esa gente que puede da 548 oportunidades a la misma persona, y no ver que se está equivocando en cada una de ellas hasta que alguien no le pone la evidencia en la cara. Por supuesto, me ha llevado a cometer todo tipo de errores, y fundamentalmente, rodearme en muchas ocasiones de la gente equivocada... La persona que tengo más latente, y mi más reciente adquisición en el largo libro de las decepciones, es mi ex novio. Yo era de esas que dice pecando de superada "Pero si un tipo te mete los cuernos por mucho tiempo, es porque la mina lo sabe y se hace la boluda!". Déjenme decirles.... que no es así. Bueno, capaz que si, y yo en vez de hacerme la boluda, ese mi estado natural, y de ahí proviene mi incapacidad para detectar señales sospechosas. 
Pero mi intuición comenzó recién a aparecer (viene con bastante delay) cuando el me dejó por teléfono, y al poco tiempo me entero que había abandonado todo de su vida en Argentina y estaba viviendo en la otra punta del mundo... 

Buena para nada?

Tengo que empezar admitiendo, que siempre quise hacer públicos mis pensamientos e ideas, pero nunca creí que fueran lo suficientemente interesantes, ni que nadie tuviera tanto tiempo libre como para perderlo leyéndolos (de hecho lo sigo pensando...). A pesar que las librerías se empeñan en mostrarnos que nada es lo suficientemente estúpido como para no poder ser editado en un libro (digo, si escribe Jacobo Winograd por qué yo no?), desde ya chiquita tengo en mi una voz interior que anticipa, a veces acertadamente y otras no tanto, que voy a ser un fracaso en básicamente cualquier emprendimiento que me proponga. 
Tengo que admitir, ha tenido razón más veces de las que me hubiese gustado, ya que no soy de esas personas con un talento fácilmente apreciable... En el colegio siempre era la última en ser elegida para los deportes en equipo (sin contar todas las burlas de mis compañeros que, aparte, siempre decidían que yo fuese al arco porque sabían, no puedo agarrar una pelota ni aunque me la den en la mano), es el día de hoy que sigo haciendo las operaciones matemáticas más simples contando con los dedos (me acuerdo que eso era objeto de muchos retos en las pruebas, así que tengo la tendencia a esconderlo), y siempre fui desastrosa para todo lo que represente actividades manuales, o requiera de precisión/ extremada concentración/ perseverancia. Todavía me acuerdo los dibujos desproporcionados con los que adornaba la casa de chica, los frustrados intentos de crear un circuito eléctrico en las clases de tecnología (sinceramente, jamás entendí cual era el punto de enseñarnos eso, yo no tenía ningún interés en ser electricista y de hecho, conozco a uno de confianza para llamar en el caso de necesitarlo) y los gritos de mi mamá "Carolina, no entendes que los dibujos geométricos no se hacen a ojo?? Tenes que usar la regla! No es lo mismo 1 centímetro que 5!!". 
Para mí realmente lo eran. En mi mundo, no tenemos reglas, nadie mide ángulos, ni hace barquitos con planchas de corcho y aluminio, en mi mundo conviven palabras, ideas, pensamientos, y las ganas de comunicar. Por eso estoy empezando este espacio, para que nos comuniquemos. Espero les vaya gustando y me sigan!